Uno de los libros que recomiendo para entender, de una forma sencilla, el proceso fisiológico del trauma es este «Sanar el Trauma» (Levine P.A.,2005). Lo que ocurre con el trauma es que poco a poco vamos perdiendo conexión con el cuerpo, con la tierra y el mundo que nos rodea. No sentimos plenitud en nuestras vidas y sin darnos cuenta bajan la autoestima, los sentimientos de bienestar y la conexión con la vida; aparece la ansiedad, perdemos la confianza en nosotras mismas, la libertad y la capacidad para alcanzar los sueños.
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Los traumas que no expresamos forman parte de nuestra biografía emocional
Desde Río Abierto, vemos que el cuerpo es nuestro mapa emocional, todas las tensiones, trabas, lesiones que forman parte de nuestra biografía emocional se quedan impresos en el cuerpo de una u otra manera. Como dice Levine, cuando hablamos de trauma hablamos de efectos debilitantes que muchas personas sufren después de vivir experiencias que han percibido como una amenaza para su vida
Cierto tipo de experiencias infantiles pueden reducir severamente nuestra capacidad de lidiar con el mundo. Los niños se pueden sentir abrumados por lo que consideramos sucesos cotidianos del día a día. Podemos decir que todos y todas nosotras tenemos algún trauma que otro … y en algún momento de nuestra vida hemos sufrido la incapacidad de responder de una manera sana a una situación amenazante
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Una amenaza a nivel fisiológico congela la emoción, es así como contenemos la angustia.
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“Cuando te sientes amenazada, tu cuerpo genera instintivamente mucha energía para ayudarte a defenderte de la amenaza. Cuando esta pasa, ocurre una descarga de energía y el cuerpo vuelve a la homeostasis. Si no se descarga y no llega el mensaje de normalidad, el cerebro sigue liberando altos niveles de adrenalina y cortisol y el cuerpo se aferra a su estado de alta energía.
El cuerpo no vuelve al equilibrio y la emoción se queda fijada, como energía congelada, anclada en el cuerpo por medio de una tensión muscular crónica, mantenida por el sistema nervioso simpático. Así es como contenemos la angustia y las emociones reprimidas y esto produce una fuerte pérdida de contacto con los deseos y necesidades personales.
Cuando hay un dolor hay un congelamiento. Con experiencias fuertes, la persona se va del cuerpo, no siente, pero sigue manteniendo la contracción y el cuerpo sigue manteniendo esa orden.
EMOCIÓN – NO RESPIRAR – NO MOVERNOS – NO EXPRESAR – NO SENTIR
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Los animales manifiestan un proceso fisiológico, se sacuden el trauma.
Los animales salvajes que están continuamente amenazados pocas veces están traumatizados. Tienen interiorizado la capacidad de sacudirse de encima los efectos de los encuentros que amenazan su vida, manifiestan un proceso fisiológico similar para volver a la normalidad tras escapar de las garras de la muerte.
Lo podemos ver en los osos polares por ejemplo, que están controlados por biólogos para su supervivencia. Cuando son perseguidos por aeroplanos que les disparan un dardo para tranquilizarlos y etiquetarlos posteriormente.
Los osos son perseguidos y sufren una situación traumática. Estos, cuando salen de su estado de aturdimiento, comienzan a temblar ligeramente y poco a poco los temblores van en aumento siendo grandes sacudidas convulsivas, estas sacudidas semejan la carrera que le faltó realizar para escapar de este suceso traumático. Cuando deja de moverse respira profundamente varias veces y de esta manera se desprende del estrés.
Los chamanes, llaman a este proceso la <<recuperación del alma>>.
En los centros de recuperación animal, antes de volver a soltar en la jungla a los animales capturados, se aseguran de que realicen este proceso de sacudida
“si no han temblado y respirado en profundidad, antes de ser liberados, no sobrevivirán. Morirán” (Biólogo en Malawi).
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El espacio terapéutico, un campo que acoge y permite sanar el trauma.
Mágicamente nos sentimos atraídas hacia situaciones que activan el dolor original y empieza a moverse por todos los lados una posibilidad de expresar. El temblor aparece cuando se produce el descongelamiento y esto permite recuperar la pulsación.
Cuando esta energía retenida se va descongelando empieza a doler, pero permite ser expresada. Sin embargo antes de trabajar la traba hay que encontrar nuevos apoyos a nivel físico y psicológico. Respirar y confiar en el espacio terapéutico, un campo que acoge y permite sanar el trauma.
Referencias
Levine P.A. (2005). Sanar el trauma. Editorial Neo Person





